Cadáveres y mutilados:
Vinos, accidentes de tránsito
y el instinto moral de Pinker
El otro día vi “Mondovino”, documental que les recomiendo aunque no les interese el vino. En el comentario que hice para Bazuca
http://www.bazuca.com/cgi-bin/ncommerce3/ProductDisplay?prrfnbr=7323830&prmenbr=451&formato=DVD
se mencionan varios temas que desbordan el mercado del vino y que nos lanzan de cabeza en algunos de los aspectos más siniestros de la globalización económica. La cazurra homogeneización de los gustos a través de productos cada vez más similares –si no iguales, como ocurre con la televisión abierta, que básicamente es la misma en todo el mundo-, y el control y manipulación del gusto de los consumidores por parte de opinólogos y medios de comunicación al servicio de los grandes consorcios, tiene un bouquet inquietantemente orwelliano.
Tiempo atrás leí un interesante estudio de un ingeniero experto en transportes, sobre el vertiginoso incremento de los accidentes de tránsito en nuestro planeta, demás está decirlo, muchos de ellos producidos por conducir bajo los efectos del alcohol. La magnitud que ha adquirido el problema, que en 1990 ocupaba el 9º lugar en un ranking de “carga mundial de morbilidad según los años de vida ajustados en función de la discapacidad perdidos” (¿para qué hacerlo fácil si puede ser complicado?) y que en 2020 se estima llegará al tercer lugar (detrás de la cardiopatía isquémica y de la depresión unipolar grave, llevó a la O.M.S. a considerarlo un “problema mundial de salud pública”, como puede verse en el informe publicado en conjunto con el Banco Mundial sobre el tema:
http://www.msc.es/ciudadanos/accidentes/docs/informemundial-1.pdf
Hasta ahí, vamos mal. Pero lo peor viene ahora: en los próximos veinte años, la cantidad de autos -y motos- que habrá en los países en vías de desarrollo, aumentará en forma exponencial. Decenas de millones de nuevos vehículos, muchos de ellos conducidos por personas cuya destreza y C.I. no son las más adecuadas para hacerlo, se incorporarán a las calles y carreteras, dejando tras de sí, un reguero de muertos, heridos y minusválidos, y costos enormes para los escuálidos sistemas de salud de esos países, que tienen que hacerse cargo de los lesionados y de su rehabilitación.
El experto que confeccionó el informe al que me referí antes de mencionar el de la O.M.S., señalaba que en los últimos años, una de las causas principales de los accidentes de tránsito en los países desarrollados es la percepción de los usuarios –alimentada por incesantes campañas publicitarias de los fabricantes de autos- de que los automóviles son cada vez más seguros. Así, la industria automotriz está siguiendo la misma estrategia inmoral que en su momento adoptaron las tabacaleras, para convencernos de que sus productos no hacían daño, y ese énfasis es casi tan irresponsable como el de aquellas, porque paradojalmente, estimula la imprudencia de los conductores, en la medida en que los hace sentirse invulnerables al volante de su auto… hasta que chocan.
Si bien es evidente que en los últimos años las condiciones de seguridad de los autos (y de las vías) han mejorado, lo que no se dice en la publicidad es que las velocidades a las que se circula también han aumentado hasta llegar a valores insostenibles por el cuerpo humano: el habitáculo del auto de Ayrton Senna resistió el impacto contra el muro de Imola; claramente, el cerebro del piloto, no. Cuando el auto ultraseguro de Lady D se estrelló, pese a la parafernalia de seguridad del vehículo, ella igualmente resultó mutilada y salió casi muerta del auto.
(Por cierto, esa marca de automóviles con nombre de mujer, tiene actualmente en el aire una publicidad en la que una mujer declara: “me siento más segura en la calle que en mi casa… Claro, porque tengo un XX”. Como ese tipo de autos de lujo no llama nada la atención, ni dice nada respecto de la situación económica del conductor, a la paradoja publicitaria se suma una absurda mentira, pero no importa porque la mayoría de la gente es arribista e irracional.)
¿Qué te parece ese aserto? Deja tu opinión en un comentario.
En un interesante -y no menos largo que el vínculo de abajo- artículo publicado por el New York Times en enero de este año:
el psicólogo Steven Pinker se refiere a cómo algunas conductas que en un tiempo fueron censuradas socialmente, dejaron de serlo (como la homosexualidad, que pasó de ser una “aberración” a una “opción” sexual; o la drogadicción, que hoy suele tratarse como una enfermedad, en circunstancias que el origen de tal “fatalidad” está en la voluntad del adicto) y, por el contrario, en los últimos años, otras han sido penalizadas, condenadas y perseguidas, como fumar, que hoy por hoy es el crimen nefando en nuestra sociedad, con el que nos distraemos de otros problemas –que pudieran parecer a un ojo desprevenido- más graves, como la corrupción rampante de nuestras autoridades, la escalada permanente de la delincuencia, el nihilismo propio de nuestra cultura consumista, und so weiter…
Haciendo con todos estos retazos un tapiz circular, así como el movimiento M.A.D.D. (Mothers Against Drunk Drivers), orientó su esfuerzo inicial a cambiar la percepción de una buena parte de los hombres estadounidenses, que consideraban cool manejar ebrios, es posible que en un futuro no muy lejano, se “moralice” el tema de los accidentes de tránsito y entonces quienes conducen en forma imprudente y/o estúpida, se vean sometidos a la peor sanción, que es ese desprecio y rechazo que hoy, amorosamente, nos dedican quienes no fuman, a los criminales del humo, digo: a los fumadores.
Mientras tanto, que los simios y simias inconscientes que proliferan en nuestras calles y autopistas hagan lo que les venga en gana y que siga la fiesta para regocijo de médicos forenses y fabricantes de prótesis.

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